Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Monográficos

Monográficos - Huele a esencia de adolescencia (envuelta en camisa de cuadros y pana): el Grunge (1ª Parte))

Lo había dejado con un vídeo de Green River... y no fue algo aleatorio, la verdad: me lo dejó a huevo para empezar el monográfico por los pioneros en esto del sonido Seattle.

Ellos fueron, sin duda, pioneros en casi todo. No sólo dieron formato al sonido, el primer material grabable a Sub Pop y algo de qué hablar a los seguidores de la escena local, además fueron el embrión del que nacieron Mudhoney y Mother Love Bone, y eso es hablar con palabras mayores. Mark Arm (voz) y Steve Turner (guitarra) por un lado, y Jeff Ament (bajo) y Stone Gossard (guitarra) por el otro, fueron sus músicos principales. Cuando el primero quiso mantener su estatus independiente y los segundos pretendieron adaptar su sonido a derroteros más aceptables por las grandes compañías (aunque circula una leyenda por ahí que dice que toda la bronca vino porque Steve Turner le había pasado a Jeff Ament una lista con nombres de amigos de la banda para invitarlos a un concierto suyo en un local de Seattle, pero Jeff pasó de la lista e invitó a un montón de cazatalentos, managers y productores para ver si podían hacer negocio), la tensión creada terminó por romper la banda en 1988 y sólo el mini elepé Rehab Doll quedó como legado discográfico.

GREEN RIVER - SWALLOW MY PRIDE

Soundgarden fue la primera banda de la nueva escena de Seattle en fichar por un gran sello (en 1989), y seguramente el eslabón perdido que emparentó el grunge con el heavy metal para mayor gloria del posterior metal alternativo. Fueron tan precoces que ya en 1987 Chris Cornell (voz y guitarra), Kim Thayil (guitarra), Hiro Yamamoto (bajo) y Matt Cameron (batería) andaban grabando para Sub Pop furiosos tamas en los que la psicodelia, el hard rock y heavy metal y el punk se daban cita de manera chocante pero atractiva. Por eso no fue una sorpresa que su primer largo, Ultramega OK (1988), causase sensación en el circuito underground norteamericano. Denso y viscoso, pero todavía bullanguero y acelerado, el sonido del grupo mostraba el mismo respeto por Zeppelin que por los Stooges y esa rara mezcla no pasó desapercibida a A&M, que en 1989 les fichó para lanzarles como su gran apuesta alternativa.

SOUNDGARDE - MOOD FOR TROUBLE

Sin embargo, Louder than love (1990), su primer intento como grupo con responsabilidades, se acercaba aún más al oscuro sonido de Black Sabbath, casi anticipando el nacimiento del stoner en temas como Gun, abordando tan sólo el punk rock en la acelerada Full on Kev's Mom. La banda se recreaba sobremanera en su poder creativo e instrumental, disfrutando a ojos vista con cada riff construido por Thayil, y lo poderosa voz de Cornell poco recordaba al quejumbrosos tono grunge y mucho al ataque de las mejores gargantas del hard rock y el heavy metal. Demasiado duro y original, en fin, para romper más allá de una entusiasmada audiencia marginal que les acogió emocionada. En 1991 llegaría un nuevo salto de calidad en su carrera, pero antes de abordarlo es necesario hablar de tres nombres indispensables que nunca alcanzaron ese nivel de popularidad: Tad, Screaming trees y, muy especialmente, Mudhoney.

SOUNDGARDEN - GUN

La de Tad era también la vertiente más pesada y agresiva del sonido Seattle, con el acusado liderazgo del guitarra y vocalista Tad Doyle (un curioso personaje, carnicero de profesión, que se hizo famoso al aparecer en la película que puso sobre el mapa a toda una generación, Singles), guiando firme una nave que hacía pocas concesiones a la comercialidad. Su trayectoria pasó bastante desapercibida más allá de los verdaderos expertos en la materia, pero el grupo puede tener todavía el orgullo de haber trabajado con tres de los más ilustres productores de la época (Steve Albini, Jack Endino y Butch Vig) y haber dejado para la posteridad algunas joyas como el salvaje God's Balls de 1989 o el más reposado pero igualmente seco Inhaler de 1993. Su defunción se produjo en 1998.

TAD - LYCANTHROPE

Por su parte, Screaming trees debieron haber cosechado el éxito que luego se llevó Pearl Jam como representantes del hard rock más personal y evocador de influencias setenteras, pero tal vez les faltó constancia en su carrera así como el carisma de un tipo como Eddie Vedder, y eso que el talento de su famoso líder, Mark Lanegan, es incuestionable. Lanegan cantaba, tocaba la guitarra y componía como pocos, y ya en 1985 había montado la banda junto a los hermanos Van y Gary Lee Conner (bajo y guitarra, respectivamente). Los Trees cosecharon un modesto éxito local muy rápido y en 1990 tenía tres discos en el mercado y el culo pelado de recorrerse el país tocando en cientos de pequeños clubes. Ese año firmaron con Epic y poco después lanzaron Uncle Anesthesia, producido por Terry Date y el mismísimo Chris Cornell, pero su nombre nunca llegó a trascender más allá del estatus de culto y Lanegan siempre andaría más preocupado de su carrera en solitario. Su disco más famoso fue Sweet Oblivion, de 1992, en plena efervescencia alternativa.

SCREAMING TREES - NEARLY LOST YOU

Bueno, y con Screaming trees lo dejamos... de momento. La próxima entrega: Mudhoney, Nirvana y cía os esperan aquí, así que no faltéis.

Un saludo gente!!!!!

Monográficos - Huele a esencia de adolescencia (envuelta en camisa de cuadros y pana): el Grunge (Intro)

Han pasado casi veinte años y todavía el lío que montó aquella tropa de visionarios sigue sin ser controlado. Y por muchos años, por supuesto, aunque a los historiadores (de la música, se entiende) los vuelvan locos todo ese enorme descontrol de estilos, etiquetas y bonitos palabros. Porque fue gracias al grunge, y a la fiebre alternativa que levantó en todo el mundo, que las fronteras divisorias cayeran fulminadas en lo que al rock se refería, esto es, que ya nada pudiera ser llamado por su nombre desde entonces. Fue como si  uno, de repente, pudiera ver perros verdes paseando por la calle o ranas peludas en los estanques; o a Rob Halford ponerse calzón corto y sufrir veleidades electrónicas, que para el caso es lo mismo.

TWO - I'M A PIG

Más allá de modas pasajeras, de idolatrías exageradas e incluso de tal o cual influencia estilística, el grunge fue una bocanada de aire fresco y libertario al mundo asfixiante y dogmático en el que había terminado convirtiéndose el rock. Sus consecuencias son hoy, todavía, tan palpables, como lo fue su impacto en aquellos primeros años noventa, y el hecho de que su recuerdo siga levantando ampollas y dolor de cabeza entre los más dogmáticos así lo atestigua. ¿Cómo podía una banda de niñatos como Weezer sonar más distorsionada y corrosiva que unos heavies de tomo y lomo como, digamos, Scorpions? La respuesta estaba en esa pequeña ciudad pesquera del noroeste americano, la verde Seattle...

Y es que hasta el lugar de procedencia del movimiento fue trasgresor, porque... ¿quién coño hubiera imaginado que el epicentro del terremoto musical (y, por ende, de la cultura alternativa que generó), no solo a nivel americano sino mundial, pasase de una ciudad tan relamida y pagada de sí misma como Los Ángeles a un rincón del olvidado noroeste de los EE.UU? Vale, Seattle es la ciudad de Jimi Hendrix, pero aún así nadie hubiera previsto tal pirueta del negocio: es como si la capital de España pasase de repente de Madrid a Vigo.
Y aunque se ha repetido hasta la saciedad, intentando desacreditar en vano el movimiento, que lo del grunge no traía consigo un sonido propio, SÍ HUBO UN "SONIDO SEATTLE": un estilo común y característico cultivado en sus inicios por Green River (más bien era un primigenio ensayo de lo que luego otras bandas acabaron por pulir). Pero que nadie os convenza de lo contrario, ya que sí que había un "Sonido Seattle", aunque después vendieran otra cosa o incluso hubiera bandas de la propia Seattle que fueran por libre.

Ese sonido se creó de forma espontánea al amparo de la factoría Sub Pop, el sello independiente más famoso de la ciudad, y tenía en la densa distorsión y pesadez del heavy metal, la vigorosa rabia del punk rock y la desquiciada melodía del noise pop sus señas de identidad. Todo ello mezclado en la batidora del famoso D.I.Y hardcore (leído "diaiguai", do it yourself, traducido "háztelo tú mismo") y presentado como producto en bruto, sin pulir, casi sin querer, una actitud desdeñosa y desdeñada que nada tenía que ver con el ímpetu y la chulería de sus parientes hard rockeros de entonces. Primero Green River, después Melvins y Mudhoney y finalmente Nirvana fueron, seguramente, las cuatro bandas que más claramente apostaron por ese sonido, o al menos las más famosas.

¿Y Soundgarden, Alice in Chains o Pearl Jam? Pues poco que ver, musicalmente. Soundgarden sufrió un efecto boomerang en su estilo: comenzó cerca, se alejó muchísimo poco después y terminó de nuevo en la onda. Alice in Chains fueron siempre mucho más heavies y Pearl Jam crearon un patrón que luego marcaría estilo, pero lejos también del sonido grunge original. Así que lo que unió a todas esas bandas, finalmente, no fue sino la mutua amistad y el hecho de pertenecer a la misma escena palpitante de la ciudad. Y hacer rock potente, por supuesto. Meter a todos en el mismo saco no fue sino una forma de simplificar, de reducir costes de tinta, de dar nombre a una escena concreta, algo que a ellos mismos, no lo olvidemos, les vino de perlas.
Como las biografías de todas estas bandas han sido repetidas hasta la saciedad, tan sólo haré aquí un cuadro de conjunto de sus actividades, tratando de ordenarlas en el tiempo.

De momento, os dejo con algo del "sonido Seattle" de la mano de Green River y su versión del Queen Bitch de David Bowie

GREEN RIVER - QUEEN BITCH

Monográficos: La furia industrial (vol. 3)

Bien, pues como en el segundo monográfico os traje al papá y a la mamá del género, justo es que esta última parte de los post dedicados al metal industrial lo empiece con el “hijo pródigo” del género. Vayamos a ello.
Antes de mandar al resto del mundo a tomar por c… saco despues de sacar The downward spiral, Trent Reznor presentó en sociedad a la que sería la tercera figura clave del metal industrial (y que luego se convertiría en superestrella mundial, apoyado tanto en sus preceptos musicales como en toda su parafernalia e imagen). Os hablo, cómo no, del gran Marilyn Manson.
La carrera de este provocador nato iba por unos derroteros más o menos razonables, ascendiendo poco a poco en las estimas del público con sus dos primeros discos y haciéndose un hueco en los corazoncitos de muchos amantes de lo retorcido y escabroso con sus representaciones en directo, que recordaban al más desquiciado y terrorífico Alice Cooper. Pero hete aquí que Reznor se encuentra con Manson y, entre los dos, la lían parda: Reznor ayuda a Manson en la composición y le produce su tercer disco, Antichrist Superstar (1996) y claro, pasó lo que tenía que pasar. El disco se convierte en un pelotazo de proporciones bíblicas y establece al Reverendo, desde entonces y para siempre, en el cielo de las superestrellas rockeras. El disco fue una de las últimas grandes obras del género, elevándolo a un nuevo nivel de excelencia, ya que en esta ocasión el metal industrial se daba la mano con el gótico. Hay que aclarar que, por supuesto, Marilyn Manson sí eran una banda de metal al uso, es decir, que su propósito electrónico había nacido a posteriori, y ese aspecto les diferenció mucho de sus dos padres putativos, que no eran otra cosa más que proyectos de estudio (aunque luego adquirieran una nueva dimensión debido al éxito obtenido).
Así que Manson añadía a su furia guitarrera todo el saber de Reznor en crear atmósferas inquietantes y de retorcida hermosura, que en manos de la banda adquiere un toque irresistible (y sin no lo creéis, escuchad The beatiful people, el tema que les dio la fama mundial de la que hoy disfrutan). La siguiente obra del Reverendo, Mechanical Animals (1998), sorprendió al traernos al grupo más metido que nunca en los sonidos electrónicos y el cambio que se produjo en Manson, que pasó de ser un émulo retorcido de Alice Cooper a ser una versión andrógina y exagerada casi hasta lo risible de Bowie. También se produjo otra metamorfosis en Holly Wood (in the shadow of the valley of dead), ya en el 2000), pero ésta nos trajo a un Manson más salvaje y metálico que nunca.
Más allá de las tres Marías del género (Ministry, NIN y Marilyn Manson), otro grupo que también pisó terreno industrial fue Fear Factory. Su sonido machacón y poderoso (inspirado claramente en el thrash metal) fue lo que primero les puso en el punto de mira de muchos metaleros de pro, si bien su afilada agresión sonora se benefició también de un muy inteligente uso de la innovación electrónica para conseguir crear un palo original y diferente.
Nacidos en el 90 en los ángeles de la mano del guitarra Dino Cazares, el batería Raymond herrera y el guitarra Burton C. Bell, su mejor momento se sitúa en el 95 con el mejor disco de toda su carrera, Demanufacture. Un gran disco lleno de riffs con cuerpo, sorprendentes estribillos melódicos y un pulso rítmico magistral con Herrera dominando como nadie el doble bombo. Toda esta avalancha, además, estaba mezclada de tal manera que el resultado sonoro final parece verdaderamente mecánico, aún a pesar de estar tocado por tíos de verdad, sin duda el sello de marca de la banda. Sus siguientes discos ahondarían nunca abandonarían ese sonido “cuasi artificial”, pero nunca alcanzarían de nuevo tal grado de brillantez.
La carrera de Prong, grupo del gran guitarrista Tommy Victor, sirve como ejemplo de evolución del hardcore crossover al metal industrial. Este trio neoyorkino comenzó practicando un post hardcore (tranquilidad, que tengo pensado aclarar en varios posts qué es eso del post hardcore, el nu metal y el post grunge) muy técnico e instrumental, apuntando ya desde su Beg to differ del 90 grandes maneras como innovadores dentro del crossover. Su estilo era difícil de catalogar en ningún sitio, pero su calidad les hizo ganarse una buena manada de seguidores. Prove you wrong del 91 explotó al máximo esa línea, pero el genial Cleansing de 1994 (con algunos de los mejores riffs de guitarra de la década) mostró a unos nuevos Prong, tan agresivos como siempre pero dejando de lado su faceta progresiva para simplificar los temas y hacerlos densos, pesados… y muy, muy atractivos. Esa fue su mejor aportación al género, tal vez el disco que mejor conjugó metal alternativo y sonido industrial.
Y pasamos ahora a unos alemanes que, sinceramente, no creo que necesiten de presentación alguna. Pero como siempre queda por estos mundos de Dios algún despistado aquí os los traigo, para descubrimiento de ignorantes y regocijo de seguidores (un beso Selene jejejejejeje): Rammstein.
Rammstein es la banda que más y mejor ha acercado el siempre difícil mundo del metal industrial a un público masivo (el de las radio fórmulas) sin renunciar nunca a su estilo y particular humor. Y cantando en alemán, su lengua, para añadir más mérito a la proeza; aunque claro, qué mejor lengua que la teutona para fortalecer un sonido tan bronco y cortante como el suyo. Formados en el 93, Sehnsucht (1997), su segundo álbum, tuvo la culpa del impresionante éxito de la banda por toda Europa y de que ese espectáculo maldito de pirotecnias, fuego e impactantes escenas de sodomización y eyaculaciones fingidas en directo llegara hasta el último rincón de occidente, para solaz del público y escándalo de peleles conservadores. El single Du hast (tu me odias) todavía resuena en las cabezas de medio mundo, pero a éste le siguieron más pelotazos durante los siguientes diez años (Sonne del disco Mutter del 2001 o Mein teil del Reise reise en 2004) que acabaron haciendo de Rammstein un nombre imprescindible de la actual escena rockera mundial. Y ahí siguen los judíos.
Como no solo de nombres famosos vive un estilo, existe un monton de bandas que han hecho del metal industrial su vehículo de expresión principal, para explorar otros campos partiendo de él. Así, bandas como Filter (de la que ya hablé en uno de mis primeros posts: http://www.lacoctelera.com/musica-en-vena/post/2008/03/06/segundo-asalto-justicia-musical) o Stabbing Westward aprovecharon la estela de NIN, mientras otros como Godflesh o Shotgun Messiah prefirieron partir de otras influencias para acercarse a este sonido. Tampoco voy a pasar por alto aquel meritorio LP, Point Black, de Max Cavalera junto con Alex Newport de Fudge Tunnel; Nailbomb era el nombre del proyecto.
Bueno, pues esto s'a cabao!!!! Espero no haberos aburrido con estos posts y haberos culturizado un poquito más en esto del rock potente. Ahora, los vídeos: The nobodies de Marilyn Manson; Replica de Fear Factory; Snap your fingers, snap your neck de Prong, Te quiero puta de Rammstein (atención a la canción, porque sorprende ver a estos alemanes cantando en español) y Where do we go from here de Filter.
Hala, a disfrutarlos con salud!!!
http://www.lacoctelera.com/musica-en-vena/post/2008/12/02/monograficos-furia-industrial-metal-industrial-vol-2
http://www.lacoctelera.com/musica-en-vena/post/2008/11/26/monograficos-furia-industrial-metal-industrial-vol-1

Monográficos: La furia industrial (metal industrial vol. 2)

Bueno, ya que el post anterior me sirvió para calentar un poco el tema y meteros el gusanillo de la curiosidad, vamos ahora con la “chicha gorda”. Señoras y señores, con todos ustedes, os presento al papá y a la mamá del género: Ministry y NIN (¡¡tranquilidad!! Al hijo, Mr. Manson, os lo traeré en el volumen 3 ¿ok?) Empecemos pues.

Es conocido por todos que Al Jourgensen (cubano de nacimiento… os lo juro, lo he consultado veinte veces y es verdad, aunque no os lo creais al ver el nombrecito de marras) es el papi del género, aunque la creación del sonido industrial no era gratuita, es decir, no venía de la nada. Varios precursores en el uso (y abuso) de la electrónica saturada como Skinny Puppy, Revco, KMFD, Front Line assembly o Front 242 dieron la pista que el bueno de Al necesitaba para dar el formato definitivo a sus Ministry. Pero en lugar de enfocar su sonido a estilos más bailables y menos concisos (caso de los precusores que os nombré antes, quienes jugaban en numerosas ocasiones con el techno o los sonidos new wave y post punk), Jourgensen vio la luz al descubrir el poder sónico que generaba una guitarra bien distorsionada al usarla como base de sus experimentos. A ese poder musical le añadió una imagen arrolladora de cuero, arrogancia y controversia que no tuvo parangón en su día y causó enorme efecto en la comunidad alternativa mundial. Aunque Ministry nació en el 81, sus primeras muestras fueron tímidos ejercicios de pop new wave muy sintetizado y no fue hasta el 88, con la llegada del bajista Paul Barker y el vocalista Chris Connelly, que la banda empezó a serlo de verdad y facturar discos de verdad. The land of rape and honey del 88 y The mind is a terrible thing to taste del 89 fueron sus dos primeros puñetazos en la mesa: heavy metal, thrash, punk y techno mezclados sin rebajar, a mala hostia, a toda velocidad y sin concesiones. A esta violencia sónica nunca antes vista (ni oída) se le sumaba un sentido de la teatralidad y una inteligencia lírica poco comunes en un estilo que le daba más importancia al aspecto musical que al contenido lírico en sí.

Jourgensen se ganó poco a poco una fama de polemista y provocador nato que también sería una de las características más acusadas de todo el movimiento industrial posterior a él. Pero aún así y todo su siguiente disco añadió a su prestigio un inesperado éxito de ventas. Psalm 69 (subtitulado “The way to suceed and the way to suck eggs”) le dio a Ministry su momento más brillante y prestigioso de toda su carrera, con participación en el recién inaugurado Lollapalooza incluída. El cubano continuaría desechando y recuperando el proyecto durante toda una década y más, con varios éxitos y fracasos; pero lo más importante (darle la vida al metal industrial) ya lo había cumplido.

Antes de que Jourgensen publicara con Ministry su aclamado Psalm 69, un personaje inteligente y provocador como pocos llamado Trent Reznor ya había sorprendido a todo el mundo con su proyecto Nine inch nails. Reznor era todo un manitas del estudio que se había prendado de los dos primeros discos de Ministry y no encontró mejor manera de encauzar su vocación artística que embarcarse en el oscuro camino del rock industrial. Y fijáos que digo rock porque la forma de trabajar de Reznor esconde una diferencia fundamental con el modus operandi de Ministry y otros nombres de inspiración electrónica: NIN hace canciones; mientras muchos construyen música a partir de efectos, samplers o guitarrazos (caso de Al Jourgensen), Trent Reznor se rompe la cabeza creando canciones de estructura tradicional (con sus estrofas, estribillos y sus puentes) para luego usar toda clase de elementos a su alcance a la hora de darles forma. Desde el feedback de una guitarra, como un Hendrix del siglo XXI, hasta la repetición enferma y compulsiva de un único beat (ese típico “unch, unch, unch” bacala), todo vale mientras forme parte del armazón primario. Esta forma de trabajar permite que atmósferas difíciles y retorcidas sean aceptadas de buen grado por un público más numeroso.

Puede ser que ése sea el secreto de su éxito, quien sabe. El caso es que su primera aportación discográfica, Pretty hate machine, apareció a finales del 89 para alegría de un buen número de gente que querían ver que la electrónica industrial tenía alma y corazón, una cara visible y unas letras que poder entender y corear. Esas letras hablaban de angustia, soledad, traiciones y alienación, sentimientos éstos que hicieron mella en todo un sector de emocionados oyentes. Aunque la primera reacción del público fue tímida, una vez que Reznor se animó a reunir una banda que lo acompañase y se lanzó a la carretera, las ventas y la fama del grupo crecieron como la espuma. Una vez captado el interés del público, el siguiente paso lógico fue ganarse el apoyo de una multinacional como Interscope para poder crear su propio sello (Nothing), desde el que poder editar con tranquilidad todo el material que quisiera.

Poco después, en el 92, lanza el mini lp Broken, primero en el que NIN se atreve a usar de forma decidida las guitarras. Su impacto fue aun mayor y medio adelantó lo que supondría enfrentarse a la aparición, en el 94, de The downward spiral. Más introspectivo, nihilista y genial que nunca, Reznor nos enseña aquí todo su talento y su universo provocativo. Por supuesto, el disco se convierte en otro momento imborrable de la época de los 90, convirtiendo a Reznor en figura importante de la música a nivel internacional (sobre todo después de la que lio en el Woodstock del 94, cuando todo el grupo salió a tocar cubiertos de barro). Pero la fama no es algo que le quite el sueño al bueno de Trent, que prefiere anteponer su faceta de productor y huir del público masivo.

Ya en el 99 volverá con NIN y otro discazo bajo el brazo: The fragile, levantando gran expectación pero viendo que es muy difícil mantener una carrera musical estable con tantos espacios en blanco.

Bueno, ahora os dejo con los vídeos: Breathe y Revenge (esta última de su primera época, para que veais la evolución) de Ministry junto con Closer y The hand that feeds de NIN.

Que los disfrutéis con salud.

Monográficos: la furia industrial (Metal industrial, vol. 1)

El mundo del rock potente siempre fue reacio a mezclarse con la tecnología y la electrónica. Como mucho, algún teclado por aquí y por allá (si sólo puede ser como acompañamiento mejor, no vaya a ser…), las virguerías aplicadas a las pedaleras de los guitarras (ahí no pasa nada, ¿verdad? Buf!!! Mira que son…) y para de contar. Pero un buen día, un tiparraco desalmado (jejejejeeje por lo menos para los puristas lo fue) llamado Al Jourgensen pinchó un puñado de samplers, una caja de ritmos y algún efecto artificial más sobre un potente riff de guitarra y armó la de Dios es Cristo. Y así, casi sin quererlo, creó el metal industrial.
Desde luego que Al Jourgensen fue el creador de este subgénero, pero en esto del metal (o rock, según el grupo) industrial el panteón está formado por una trinidad de artistas a cada cual más tarado y anti-todo-lo-establecido: Al Jourgensen con sus Ministry, Trent Reznor con su Nine inch nails y Marilyn Manson con su banda de tarados acompañándolo. Además, son nombres que se pueden interrelacionar perfectamente entre sí: Ministry influenció sobremanera a Trent Reznor y este último fue el que presentó en sociedad a Marilyn Manson (aparte de producir su mejor disco, Anticrhist Superstar).
Si bien es cierto que Ministry fue el que lo empezó todo, tampoco vayáis a creer que todo grupo amparado bajo la etiqueta de metal (o rock) industrial se limitó a seguir las directrices marcadas por el bueno de Jourgensen. Los hay desde los que primero componen canciones antes de meterse con los efectos electrónicos (caso de Trent Reznor) hasta los que, partiendo del heavy, el metal recién acuñado por Pantera y Sepultura o el thrash deciden aplicarle un toque industrial al asunto (caso de Fear Factory o incluso Prong).
No voy a hacer una recopilación absurda de todo grupo que haya practicado, en mayor o menor medida, los preceptos presentados por Ministry (no me encuetro con ganas de mataros de aburrimiento… otro día quizá jejejejejejeje). Para que tengáis una idea más o menos general del asunto os traeré lo mejor y más destacado del movimiento en la década de los noventa, porque como empiece a traer nombres más actuales no acabo en la vida.
Y Selene, ve preparándote porque por aquí también pasarán ciertos teutones colegas tuyos. Avisada quedas ;-).
Bueno, ahora os dejo con los vídeos: como he hablado de la santa trinidad del metal industrial os dejaré 3 vídeos que muestran bien a las claras de qué va a ir la historia: No W de Ministry, Dead souls de NIN (una joya de vídeo grabado en el mítico Woodstock 94 con el grupo entero bañados en barro) y Sweet dreams de Marilyn Manson en directo también.
Que los ¿disfrutéis? Ya me contaréis.
Un saludo meus!!!

Monográficos: … y el heavy dejó de ser metal (metal 90’s 4ª parte)

Bueno, pues aquí termino por fin la serie monográfica dedicada al metal 90’s (y sin meter en este movimiento a Rage against the machine… ¡soy un blasfemo! ¡Derechito al Infierno voy! Jejejejejejeje). Así que, damas y caballeros, allá voy!!!!
¿Qué pasa, que en Inglaterra no se practicó metal a secas? ¿Es que en la tierra de Iron Maiden no se intentó lavarle la cara al heavy? Pues la respuesta a las dos preguntas es un sí como una casa. Mientras que Pantera, Sepultura, Machine Head y demás la liaban parda en Yankeelandia, la escena británica también tenía su propia versión de lo que debía ser el heavy metal, digamos, alternativo (por hablar en términos globales) que allí no era otra cosa que una muy buena amalgama entre el viejo hard rock inglés, la sucia rabia del punk rock y la tralla del heavy londinense. Todo este batiburrillo puede verse muy bien representado en dos nombres indispensables para entender el metal londinense: The Wildhearts y The Almighty. Aunque los dos empezaron practicando el mismo hard rock que los también británicos Thunder elevarían a la categoría de arte durante toda la década, sus maneras más salvajes acabaron por meterlos de lleno en una dinámica mucho más agresiva, razón por la que es justo incluirlos en este monográfico.
Los Wildhearts fueron la apoteosis de 30 años de rock inglés. Agresivos, arrogantes, descontrolados… Todos estos adjetivos se quedaron cortos para una prensa inglesa que los adoraba. La cabeza pensante del grupo, el desfasado Ginger y su guitarra Cj. tan solo grabó un álbum juntos, el inmenso Earth vs. The Wildhearts (1993). Un avasallador compendio de heavy metal y glam/punk que hizo estragos en toda Europa. Desgraciadamente, los continuos excesos hicieron mella en el carácter voluble e inestable de Ginger, que le dio la patada a Cj. antes de grabar su último trabajo P.H.U.Q (1995). Sus espectaculares directos aún se recuerdan en Londres.
Por su parte, los Almighty no contaban con el carisma de un tipo tan magnético como Ginger. Además, procedían de Escocia, no de la bienhallada Inglaterra, pero a cambio ofrecían una consistencia y seriedad en su trabajo que les hizo ganar la misma reputación en toda Europa. Ricky Warwick (voz y guitarra) era su tatuado líder y también un tipo de armas tomar que no paró hasta ver a su banda en lo más alto de la escena británica, renunciando a veces a la independencia en pos del éxito (lo que en este mundillo se llama “ser un vendido de mierda”). A un primer álbum todavía muy hard como Blood, fire & love (1989) le siguieron discos más duros y concisos como Powertrippin’ (1994), hasta desembocar en el gigantesco Crank de 1995, más acertado y original que ninguno de sus otros trabajos.
Ahora voy a nombrar a dos bandas americanas de la última década de los noventa (de sus últimos 5 años) que se ganaron un puesto como líderes del metal del nuevo milenio, tendiendo lazos entre una y otra generación. Así, los geniales, eclécticos e inclasificables System of a down son ejemplo de que el sacar un disco de debut de gran calidad y de gran calado entre crítica y público no tiene por qué hundir la carrera de ninguna banda. Su debut homónimo de 1998 fue sencillamente soberbio, con esa curiosísima mezcla del viejo thrash ochentero, el nuevo metal de la época y sus raíces armenias, amén de lo original en su imagen y actitud, con el gran frontman Serj Tankian a la cabeza. Mejor aún, su Toxicity de 2001 igualó, y para muchos superó, a su gran predecesor. Había madera de banda grande (afirmación ésta corroborada por el hecho de que su disco de descartes Steal this álbum de 2002 era tan bueno que superaba a la gran mayoría de discos de metal o nü metal con material nuevo).
Lo mismo podría decirse de Slipknot, con menos calidad global (a pesar de tener en sus filas al que probablemente sea uno de los mejores baterías de metal del momento, Joey Jordison) pero igual de valientes y transgresores en sus planteamientos, empezando por el número de miembros de la banda (nueve, incluyendo dos percusionistas y un dj) y terminando por su famosísima imagen, cada uno con una máscara personal e intransferible, aunque cambiante, sobre el escenario. Esa amplitud instrumental les permitía abarcar un amplio abanico de estilos, del hip-hop al grindcore, siempre con el heavy metal como base sonora, e hizo que el famoso productor Ross Robinson (gurú del Nü metal) se fijase en ellos para producir su segundo disco, Slipknot, publicado en 1999 y que se convirtió en un fenómeno de ventas y popularidad ya en 2000. Su carrera no hizo sino crecer a partir de entonces.
Muchos otros grupos hicieron del metal en los 90 algo novedoso y emocionante, pero esto no quiso ser nunca un catálogo de bandas. Pero sería injusto el pasar por alto a bandas que aportaron su granito de arena a la hora de convertir el metal 90’s en algo grande: Downset y Stuck Mojo desde el rap metal, Pitchshifter con toques más electrónicos, Sevendust, Stabbing Westward, Pro-pain, Mr. Bungle y Fantomas con Mike Patton al frente, los industrialoides Strapping Young Lad de Devin Townsend, Wrathchild America o los cachondos Ugly Kid Joe (a medio camino entre el metal y el hard, habiendo legado para la posteridad el inmortal y divertidísimo Everything about you) hicieron también sus esfuerzos y justo es reconocérselo. Dicho queda.
Bueno, ahora os dejo con los vídeos: Superpunch de los Wildhearts, Addiction de los Almighty, Chop suey de Systemo of a down, Duality de Slipknot, Genius de Pitchshifter, Licking cream de Sevendust con la cantante de Skunk Anansie Skin (atención a este tema, si sólo vais a escuchar un vídeo de los que pongo, que sea éste), la versión de la banda sonora de El padrino que hacen los Fantomas y el divertidísimo vídeo de Ugly Kid Joe Everithing about you.
Hala, a disfrutarlos con salud!!!!

Monográficos: … y el heavy dejó de ser metal (metal 90’s 3ª parte)

Bueno, bueno, bueno… después de marear la perdiz con mandangadas varias sobre elegir entre canciones originales y sus versiones acústicas, futuros discos que aparecerán por aquí y hasta un “meme” (aún a día de hoy no sé lo que es, que alguien me lo explique per favore!!!!) sus traigo por fin la tercera parte de la historia resumida de lo mejor del metal 90’s (aunque no guste a todos... ¿verdad Crispi? XDDD

Sólo hubo una banda que logró aproximarse al impacto mediático causado por Pantera o Sepultura con su primer disco: Machine Head. Naturales de California, el pelotazo de su vida lo darían en el 94 con Burn my eyes (su carrera empezó en el 92, que conste); el primer tema del álbum, "Davidian", es uno de esos clásicos irrepetibles del metal y garantizó un seguimiento fiel para el grupo aún en sus horas más bajas, especialmente en Europa. Lo característico de su música tenía como base la espectacularidad de su sonido, grave y poderoso, plagadito de armónicos naturales, y el desparpajo del grupo a la hora de querer sonar grandes, como si de verdad llevasen media vida juntos. La guitarra del líder Robb Flynn con sus impresionantes arreglos y la batería del animal de Chris Kontos sonaban de manera impresionante, creando un sonido ante el que nada se puede hacer más que sentirse apabullado. Intentar emular un inicio tan bueno era muy difícil y su dos siguientes obras no alcanzaron el nivel deseado (así y todo no dejaban de ser discos totalmente recomendables). Fueron años muy complicados para Flynn, que a comienzos del nuevo milenio montó una nueva formación para relanzar al grupo.

Desde luego, la propuesta de White Zombie era de todo menos convencional. Estos cuatro hijos bastardos de la cultura popular anglosajona, salvajes intérpretes en directo, tienen el honor de poseer la imagen más desquiciada y excesiva de todo el metal de su generación (sirviendo de inspiración a bandas futuras… ¿cómo se llaman éstos nueve tíos de las máscaras y las fundas de trabajo? Cachis la mar, no me sale ahora el nombre… jejejejejeje Ya nos entendemos, ¿verdad?) El perturbado (y perturbador) personaje tras la fachada del zombi blanco era un tarado desquiciado con aires de vampiro rastafari llamado Rob Zombie, tan influido por el viejo hardcore y thrash de los ochenta como por el cine de terror, la cultura americana de la carretera y el mundo de los cómics. Su primer heavy metal oscuro y retorcido pero muy atractivo de la banda creció en los callejones neoyorkinos, cuna del grupo a comienzos de los 80. En la ciudad de los rascacielos se ganaron una buena reputación underground, pero su pico de calidad vendría en los 90. Su contribución al metal llegó en el 92 con La sexorcisto: Devil music vol. 1, todo un catálogo de actitudes poco recomendables, con Thunderkiss 65 al frente, el single que los catapultó a la fama. Su metal era sucio y caliente, muy influenciado por el glam setentero y a veces por el funk metal, pero tan amenazador como sugestivo. Astro Creep: 2000 incorporó, en el 95, un acento más industrial y mecánico en su música (el single More human than human fue todo un pelotazo), una vertiente que siguieron cultivando en Supersexy swingin’ sounds en el 96, su último lanzamiento antes de que el bueno de Rob decidiese empezar su carrera en solitario con un disco que casi era una continuación lógica de la carrera de White Zombie.

También de la costa este pero en el bando contrario a esa imagen recargada y terrorífica estaban Biohazard, una banda decidida a rellenar el hueco del hardcore y el hip hop en el metal 90’s durante los primeros años de la década. Sus dos primeros discos, Urban discipline (92) y State of the world adress (94), son una impresionante mezcla de los sonidos callejeros más característicos de Nueva York (el rap, el thrash metal y el hardcore crossover) con letras sobre historias de la calle y coros a lo hooligan. El segundo de estos dos discos les garantizó un éxito más que notable en EE.UU, éxito al que contribuyó uno de los directos más arrolladores de la época, y su nombre siempre fue citado con respeto por todos aquellos practicantes del nü metal y el post hardcore como precursores de un sonido que ha movido a millones de seguidores.

Por último, y como representante del sonido más oscuro y teatral del metal noventero, muy cercano a la estética y pretensiones góticas, tenemos a Danzig. Estos chavalotes siempre tuvieron un gran seguimiento por parte de los sectores más underground del metal; puede que la razón de ello se encuentre en que el bueno del líder del grupo, Glen Danzig, había militado en bandas tan míticas como Misfits y Samahain antes de crear su grupo en el 87. Este peculiar cuarteto funcionó siempre bajo la influencia de su arrogante y malcarado líder, enemigo de todos pero admirado por su independencia. El sonido de su voz, profunda y personal, es la mejor seña de identidad para el heavy metal grandilocuente y lleno de teatralidad de Danzig, cuya profundidad temática y compositiva no debe tomarse a broma en discos como Danzig III: How the gods kill del 92.

Bueno, pues hasta aquí el episodio de hoy (la verdad es que me da un gustazo que me queden los monográficos asín de pequeñines y compactos....), ahora van los vídeos: Davidian de Machine Head, More human than human de White Zombie, Breakdown de Biohazard y Bodies de Danzig.

Hala, a disfrutarlos con salud!!!!!!

Monográficos: … y el heavy dejó de ser metal (metal 90’s 2ª parte)

Bueno, pues sin más dilación me pongo a la faena, que el asunto se las trae. Empezaré este repaso a grupos metaleros con las dos bestias más grandes que ha dado el género (y que también fueron las primeras en esto del metal 90’s) y con una de sus ramificaciones: Sepultura, Soulfly y Pantera. Pero no me gustaría empezar el monográfico sin reconocer que grupos como Soundgarden (en sus tres primeros discos), Alice in Chains, Anthrax y Metallica tuvieron mucho que ver en lo referente a lavarle la cara al metal de comienzos de los noventa. Aclarado esto, empecemos ya. En esta ocasión sólo hablaré de estos dos grupos y de Soulfly (el proyecto en solitario del ex vocalista de Sepultura Max Cavalera) en este monográfico porque, dada su importancia a la hora de configurar el sonido del metal 90’s, creo que bien merecen tener su propio post sin compartirlo con nadie.
Los brasileños Sepultura fueron los últimos románticos del thrash metal. La obra que los elevaría a los altares del estilo apareció en el 91 como verdadero epitafio del género, un poquito antes de que Metallica lo acabase de rematar con su álbum negro. Arise, grabado en los míticos estudios Morrisound de Florida con el ilustre Scott Burns a los mandos, no fue solo un disco lleno de potencia y precisión: fue la constatación de que aún quedaban muchas cosas por decir en el estilo si se le echaba imaginación al asunto. Los temas sonaban afilados y rápidos como siempre, pero también atestiguaba un mayor nivel instrumental (los dos años de gira entre Beneath the remains y Arise se notan). Descubrieron que el medio tiempo pesado era un vehículo inmejorable para sus intrincados riffs, así que la hipervelocidad de antaño dio paso a un fifty – fifty que les sentaba muy bien. El guitarra Andreas Kisser hace gran trabajo aquí, no solo punteando de manera memorable, sino llevando el peso rítmico de la banda en algunos riffs de escándalo. La técnica y precisión del batería Igor Calavera lo convirtieron en un referente de su instrumento en años posteriores (confirmando el hecho de que una gran banda necesita un gran batería para serlo). Y por encima de todo, el carisma y la fuerte personalidad de Max Cavalera; un disco impecable, en fin, que significa el fin de una época de esplendor.
En el 93 el grupo sorprendió a todo quisqui con Chaos A.D, dejando a un lado la velocidad y los esquemas técnicos para decantarse por una música más simple en sus planteamientos (el hardcore y el punk están más presentes que nunca, tal vez por el cambio de residencia del grupo a Estados Unidos), pero mucho más emocionante y poderosa. Aquí ya se ve que los chiquillos van en busca de algo nuevo: las atmósferas son más opresivas, las guitarras aúllan y chirrían, la percusión palpita desaforada… Es todo un descubrimiento y la prueba de que el lavado de cara que necesitaba el heavy metal para no quedarse estancado ya estaba aquí. De pronto, los gigantes de la década pasada (Judas, Iron Maiden, Metallica o Slayer) parecían estar a años luz y muchos grupos se animaron a experimentar cosas nuevas sobre el heavy para ver hasta dónde podía llegar el género; pero serían Sepultura, una vez más, los que la liaran parda con su siguiente obra. Porque Roots es la obra maestra de Sepultura: ese algo que buscaban estaba en la selva amazónica y hasta allí se fueron a buscarlo. El resultado de mezclar su metal con la música tribal brasileña dio uno de los discos más importantes del metal 90’s, algo así como el Nevermind del metal. Lo impresionante no era sólo la espectacular influencia del tribalismo brasileño, era la sensación que daban de banda tocando al límite de sus posibilidades de manera inspiradísima. Todo el metal alternativo parte de aquí, de esta producción bestial de graves y más graves, de ritmos irresistibles, de guitarras sobradísimas con las cuerdas destensadas hasta tonos entonces inconcebibles.
Tal fue el nivel mostrado que ni ellos mismos pudieron aguantar el tirón mucho más: una señora bronca entre Max Cavalera y el resto de la banda por la decisión de despedir a Gloria, mánager del grupo y esposa de Cavalera, dio como resultado la marcha del vocalista. El grupo contrató entonces como sustituto al gigantón de Derrick Green, cuyo pasado hardcore dio otro aire al grupo y alejó al grupo del exotismo de Roots, lo cual fue un error del que quedó constancia en sus discos posteriores, Against el primero de ellos.
Al estar fuera de la banda, el bueno de Cavalera no tardó en liar a colegas suyos en un proyecto que continuara con el afán de mestizaje metálico que había iniciado en Sepultura. El proyecto se llamó Soulfly y su primera formación incluiría a Roy Mayorga a la batería, al guitarra Jackson Bandiera (Logan Mader ex Machine Head para el tour) y a su antiguo pipa de guitarra, Marcello D. Rapp como bajista. El primer disco de la banda, homónimo, era un fiel reflejo de la rabia, el odio y la angustia que la muerte del hijastro y amigo de Cavalera Dana Wells había provocado en el líder de la banda. Tal remolino de emociones volcadas tuvo su recompensa porque el disco fue efusivamente saludado tanto por la crítica como por el público y fue considerado por muchos como la verdadera continuación del Roots de Sepultura: experimentación, fusión de estilos y el metal más furioso se daban cita en el disco.
Los chicos de Pantera tenían poco que ver con los brasileños. Su espectacular debut en el 90 con el inmenso Cowboys from hell supuso también una renovación bienvenida para el heavy metal. Este cuarteto del sur profundo de los Estados Unidos seguía los mandatos de uno de los más virtuosos guitarristas de su generación: Dimebag Darrell, dedicado cultivador de los armónicos artificiales acuñados por el gran Eddie Van Halen en los ochenta (por cierto, el pasado de la banda, al igual que los hispanos Hamlet, comprende algún que otro disco de hard rock). A posteriori, Darrel le añadiría a esa escuela heavy metalera un amor casi irracional por Black Sabbath, consiguiendo un sonido seco pero muy dinámico que fue el patrón de Pantera durante la totalidad de su vida. El otro componente que llamaba la atención en el grupo era su vocalista Phil Anselmo: más cercano al hardcore que al heavy en sí, era un tío bocazas y arrogante como pocos. Su actitud vacilona y agresiva sobre las tablas, con su pantalón corto, sus tatoos de presidio, su cabeza rapada acompañada casi siempre de botas militares y su eterno botellín de cerveza era de lo más impactante en el primigenio metal 90’s de entonces (de aquella siempre se pensó que pertenecía al movimiento skin). La explosiva mezcla de Darrel y Anselmo, junto con la base rítmica de Rex Brown y Vinnie Paul hizo de Pantera una máquina bestial de heavy metal con un sonido distinto, más energético (diferencia que quedó patente en la gira que hicieron en el 90 con los Judas, donde se comían literalmente a los padres del heavy metal moderno cada noche).
Luego, en el 92, llegaría Vulgar display of power, otro disco fundamental en esto del metal. El secreto del éxito radicaba, de nuevo, en su actitud: más agresivos y fieros que nunca, casi podía uno sentir en sus carnes cómo se dejaban la piel en cada estribillo, en cada cambio de ritmo. Más adelante, en el 94, aparecería Far beyond driven, donde la influencia de Black Sabbath se apreciaría con una claridad pasmosa: fue su homenaje a tan distinguida influencia el sonar algo más reposados, menos frenéticos en los cambios pero igual de sobrados en facultades y aptitud. También fue su primer (y único) nº1 en EE.UU. Con The great southern trendkill (1996) recordaron que si querían, podían seguir haciendo pupita de la buena; lo que pasa es que ya no querían demasiado, sobre todo Anselmo (la drogaína y la vida del gorrino Pachón, que es mu mala). Después de un año de parón lo único de dieron sacado al mercado fue un directo, eso sí bueno de necesidad: Official live: 101 proof, en una época en la que los directos ya no causaban la expectación de antes. Su última obra, con un título que casi parece un tributo a Manowar (ejjjjjjjjj!!!!!! Vade retro, Satanás!!!!!), Reinventing the steel (2000), recuperó de manera brillante su sonido más metálico de comienzos de la década. Parecía como si todavía tratasen de darse ánimos a sí mismos, pero lo cierto es que el grupo estaba roto. Poco después, Anselmo se largaba para seguir con su otro grupo Down y los Abbot (Dimebag Darrell y Vinnie Paul, guitarra y batería) tiraban la toalla para seguir con otras aventuras. La tragedia llegaría el 8 de diciembre de 2004 cuando un perturbado acaba con la vida de Dimebag a tiros. Una verdadera pérdida para el metal.
Bueno, pues hasta aquí la segunda parte del metal 90's. Ahora os dejo con los vídeos: Cowboys from hell y Revolution is my name de Pantera, Roots bloody roots y Kaiowas de Sepultura y Back to the primitive y Prejudice de Soulfly.
Hala, a disfrutar los vídeos gente!!!!